En nuestra vida nacemos y nos vamos relacionando poco a poco con el mundo, lo vamos mirando, tocando, sintiendo y posteriormente nos vamos vinculando. Todo esto forma nuestras bases de personalidad y son aprendizajes que se van entrelazando y es un proceso que no tiene fin, nunca dejamos de aprender y nunca dejamos de relacionarnos.

Aprendemos a responder ante las situaciones de acuerdo a nuestras vivencias previas y a partir de los vínculos que vamos estableciendo. Estos vínculos  serán un tesoro que vamos recolectando durante el transcurrir de la vida. Somos coleccionistas de vínculos.. La palabra vínculo viene del latín vincilium que significa unión u atadura de una persona con otra. Esas uniones en mi experiencia como psicoterapeuta pueden curar o enfermar. Cada vez que estoy con un paciente observo como las relaciones le ocasionan muchas veces sufrimiento y/o bienestar. Me gusta definir este proceso como “Mi hilos relacionales, mi red”  esos hilos que algunas veces forman una maraña que asusta y que en otros casos acompañan y protegen. Cuando estaba creando un Taller llamado: ” La ansiedad y sus enredos” se me ocurrió una frase que ilustra gráficamente esto. “Lo que para la araña es su casa, para la mosca es su trampa.” Nuestras relaciones pueden ser fuente de cobijo, tranquilidad, libertad y pueden también generarnos miedo, impotencia, ataduras.

Todos los que trabajamos como psicoterapeutas también coleccionamos teorías, y poco a poco vamos tomando de cada una lo que nos ayuda en cada caso, cada paciente es un mundo. Por eso me parece muy importante recordar este modelo que me ha servido de referente, el modelo analítico vincular, que ha sido crucial en mi viaje como psicoterapeuta. Gracias al psiquiatra Carlos López de Lamela quien confío en mi y me introdujo a un grupo de formación impartido por Nicolás Caparrós quien nos formó, nos acompañó durante varios años y nos permitió acreditarnos como psicoterapeutas. Gracias también a Salvador Alemán, Iván Alemán quienes han sido mis guías también. A todos ellos les agradezco mucho y gracias a ellos he podido crecer como psicoterapeuta,  entender y observar el mapa que nos trae el paciente desde diferentes lugares y  que en concreto a través de este modelo tengo muchas pistas sobre quien está delante mío, su núcleo de personalidad, su forma de vincularse y los mecanismos que utiliza. Entender al paciente desde ese lugar es mirar desde una óptica amplia, más allá del síntoma..El modelo analítico vincular

El modelo plantea la importancia del grupo y los efectos que el causan en nosotros. El grupo entendido como familia, compañeros de trabajo, figuras fundantes. Este grupo despierta mis fantasías y pone en marcha procesos inconscientes. En la terapia vamos formando con el paciente un grupo y ese encuentro le proporcionará o le dará la oportunidad de tener un espacio de intimidad y respeto. Al comienzo de estos encuentros con el , éste permanece centrado en sí mismo y podría definirse como el paciente está sin el terapeuta,  poco a poco se va a abriendo y comienza a considerar la figura del terapeuta como otra persona y se relaciona con el terapeuta, esto le ayuda a mirar el mundo de otra manera. El paciente va de nuestra mano conociendo formas distintas de vínculo, un encuentro entre dos personas, una dispuesta a ayudar y la otra dispuesta a ser ayudada. La relación personal paciente-terapeuta  es crucial para el proceso de cambio y de transformación del paciente.

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Fragmento extraído del libro: El laberinto Humano, editorial Biblioteca Nueva

Coincido con los autores de este libro, el manejo saludable del amor facilita mucho el proceso terapéutico.

Es a través de este vínculo que el paciente tiene la oportunidad de vivenciar un “vínculo sano”, un modelo de relación que quizá no ha vivido en toda su vida. Aunque la relación paciente-terapeuta, sea temporal, el encuentro genuino, la experiencia de la intimidad es permanente. Nunca podrá eliminarse. Quedará guardada para siempre, como diría Frankl. Lo que cura es el vínculo. Esta máxima planteada por Yalom es una consigna que no ha perdido su vigencia. El vínculo, la relación… después vendrán las técnicas. A veces nos precipitamos, nos angustiamos por dar una respuesta al paciente y esto hace que le demos protagonismo a la técnica y no al encuentro.

En ese encuentro con el paciente, recorremos juntos y viajamos a través de las relaciones, de ese universo que nos trae y que forman esa red, cada hilo forma algo. Tiramos de ellos para ver que hay detrás para poco a poco darle sentido a esa maraña que tanto le asusta. Parece que el paciente y nosotros mismos no estamos acostumbrados al caos, al desorden. El desorden nos proporciona sentido, poco a poco ese enredo no parece tan enredo y se va mirando la red de distintas maneras. 

Si se produce un encuentro verdadero, la persona “paciente” se lleva esta experiencia y la podrá extender para sus otros vínculos. Construir un vínculo sano le ayudará a reconocer su red de vínculos y poder actuar con sentido. Encontrar el sentido, o darle significado a lo que hago nos ayuda a sentirnos mejor.

Mira tu red, descubre tus relaciones,  conocerás mas de ti si te detienes a observarlas. A través de ellas podrás conocer más de ti.

La serenidad proviene de aquel que sabe el motivo de estar aquí y elige a las personas con quiere compartirlo.